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Evidencia y explicación evolutiva del maltrato infantil o fenómeno Cenicienta

24 Nov

Maltrato Infantil

El maltrato infantil reúne diferentes formas de violencia que aparecen de primeras en los datos de niños y adolescentes víctimas del abuso del poder por parte de sus familias o cuidadores. En el 2011 se presentaron 11495 casos de violencia intrafamiliar en los que niños y adolescentes fueron las víctimas y entre enero y abril de 2012 Medicina Legal registró 3336 valoraciones por estas situaciones (Instituto de Medicina Legal, 2012).

Algunas formas de maltrato son los golpes como forma de castigo frente a un comportamiento juzgado como inadecuado por el adulto (maltrato físico), también puede incluir insultos o descalificaciones verbales,  discriminación, rechazo, indiferencia (maltrato psicológico) o puede tratarse de maltrato infantil en sus peores formas, como lo son el trabajo infantil en actividades que implican un alto riesgo para la integridad, derechos y libertades de niños y adolescentes, así como el abuso y la explotación sexual. El asesinato a niños y adolescentes se vería como la consecuencia directa o indirecta de estos diferentes tipos de maltrato ejercido de parte de un adulto.

Daly y Salmon (1998) se refieren a diferentes formas de maltrato de la cual son víctimas a diario y desde tiempos remotos niños y adolescentes, de manera diferencial dependiendo de la edad de los padres, el orden de nacimiento de los hijos, el parentesco y otras variables fenotípicas.

El maltrato o el ejercicio de la violencia hacia otro presentado como forma desadaptativa de solución de conflictos, especialmente en el seno de una familia, ha sido tema de especial relevancia para el estudio de características evolutivas del ser humano tales como la inversión de mayores recursos y esfuerzos en la perpetuación de sus genes y en la posible retribución del cuidado que se otorga a las crías que los “aseguren” en situaciones de vulnerabilidad como la vejez o la discapacidad.

Se presenta esta característica fenotípica de inversión en la conservación de sus características genéticas en la descendencia de manera relacionada con la duda sobre la verdadera paternidad, en tanto la maternidad es 100% cierta; en relación con estas dos características, al presentar el caso de los murciélagos, quienes tienen una cantidad elevada de crías y estas se mantienen en un mismo lugar físico junto con las crías de los de su misma especia, se argumentó por mucho tiempo que las madres alimentaban a las crías de manera indistinta, sin darse cuenta cuáles eran y cuáles no eran sus crías. Sin embargo tiempo después al hacer un análisis más cuidadoso de los casos observados se encontró que las madres sí pueden reconocer y distinguir sus crías de las crías de otras madres y dedican sus esfuerzo de alimentación y cuidado de manera exclusiva a sus propias crías (Day y Salmon, 1998; Rohwer, Herron y Daly, 1999).

Daly y su equipo han demostrado a través de la recopilación de evidencia desde la década de los 80 que los hijastros, niños que llegan a una familia conformada por una mujer, que ha tenido hijos producto de su primera unión, con una nueva pareja; presentan una tasa significativamente más alta de maltrato por parte de sus padrastros o madrastras. Así mismo se encuentra una cifra significativamente más alta de homicidios de niños y niñas en este tipo de hogares.

Al hacer la comparación entre casos de parricidio y suicidio, la tasa de homicidios es significativamente más alta en los padrastros, sin embargo, al observar la tasa de suicidios por depresión relacionadas con la culpa desatada por el asesinato, estos se presentan más en padres genéticos que cometieron parricidio que en los padrastros que asesinaron a sus hijastros.

Aparte de la conclusión inmediata que revela que los padres no tratan de la misma manera a sus hijos y tienen mayor preferencia por los que son propios, por lo cual invierten más recursos y tiempo en los cuidados que sus propios hijos necesitan que en el cuidado y apoyo a los hijastros, es preciso extraer una conclusión muy importante y es que estas cifras revelan un factor de riesgo que es necesario atender con los niños que viven en familias conformadas con nuevas parejas y que son producto de uniones previas.

Si se conoce que los hijastros tienen un mayor riesgo de ser víctimas de maltrato infantil por parte de su padrastro o madrastra esto debe tener implicaciones en términos de salud pública. Según lo señalaba Daly el maltrato infantil hacia los hijastros no ocurre en todas las uniones porque los padrastros o madrastras pueden aprender a brindar buen trato a los que no son hijos propios.

Por lo tanto un esfuerzo clave en relación con este factor de riesgo es el de fomentar programas de promoción del buen trato especialmente en las familias conformadas por padrastros-madrastras-hijastros a través de campañas de sensibilización sobre la importancia del buen trato pero también a través del funcionamiento de los mecanismos legales que permitan que las denuncias por casos de maltrato infantil tomen en cuenta si este viene o no de parte de un padrastro-madrastra y se tomen los correctivos necesarios y a tiempo para evitar que se llegue al extremo del homicidio.

Comprendemos que es una cuestión evolutiva que cada padre o madre dirija sus recursos de manera preferencial a sus propios hijos o a quienes son un mejor reflejo de la herencia de sus características, sin embargo esto no se debe convertir en una excusa para la ocurrencia del maltrato infantil, deben tomarse acciones de prevención, denuncia e implementación de la ley.

Es muy importante contar con este tipo de explicación evolutiva frente a la ocurrencia de maltrato infantil pues cada día se tiene más conocimiento de casos que afectan a niños y adolescentes y es necesario hacer también una intervención diferencial en familias genéticas y familias conformadas por hijos que son producto de uniones previas.

Quedan algunas preguntas en relación con la implicación de este fenómeno de inversión parental diferencial en el cuidado y aporte a los hijos, ¿cómo se presenta esta inversión parental en hijos adoptados?, ¿cómo promover la incidencia de este tipo de hallazgos en la Política Pública sobre la Familia?, ¿cómo mejorar el sistema de protección a niños y adolescentes en pro de identificar de manera temprana posibles riesgos asociados con el tipo de familia en la que convive?

Referencias

Instituto Nacional de Medicina Legal (2012). Forensis: Datos oficiales sobre la violencia en Colombia en el 2011

Rohwer, S.; Herron, J. y Daly, M. (1999). Stepparental Behavior as Mating Effort in Birds and Other Animals. Evolution and Human Behavior. 20, 367 – 390.

Salmon, C y Daly, M. (1998). Birth Order and Familial Sentiment: Middleborns are different. Evolution and human behavior, 72 (3), 364 – 372.

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