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Proteger a niños y adolescentes no es una opción, es nuestro deber como adultos

14 Dic

Reiteradamente se menciona por parte de organizaciones no gubernamentales que trabajan en favor de la infancia y la adolescencia lo que está en nuestra carta magna y que debería orientar nuestras acciones como ciudadanos: los adultos somos corresponsables de nuestra infancia y adolescencia (Artículo 44).

Esta afirmación tiene implicaciones bastante simples que al parecer no son de sentido común para la mayoría de los adultos, la primera de ellas tiene que ver con que la constitución política de Colombia habla de niños y adolescentes, en ningún momento está especificando si los adultos deben asumir su corresponsabilidad sólo con sus parientes (hijos, sobrinos, hermanos, primos), conocidos o vecinos; nuestra carta magna se refiere a todo niño y adolescente, es decir todas las personas que son menores de 18 años.

Es cierto, los padres son los primeros llamados a asumir esa responsabilidad, pues por cuestiones evolutivas, que en este artículo no presentaré pero pueden encontrar en otros apartados de este blog, los seres humanos nacemos con un nivel de desarrollo inferior para poder sobrevivir, sólo aprendemos a caminar luego de un año o quizá más de haber nacido,  podemos comunicarnos efectivamente después de nuestros primeros dos o tres años de vida y sólo podemos valernos por nosotros mismos a la edad de 23 años (algunos sólo hasta después de los 30 y muchos adolescentes argumentarían que desde los 13 pueden hacerlo).

De manera que teniendo en cuenta que niños y adolescentes requieren del cuidado y protección de un adulto (sea o no su padre o madres) para alcanzar un nivel de desarrollo óptimo, lo más natural sería que en verdad recibieran esa protección, que no estuviéramos esperando que entidades estatales como el ICBF se hicieran cargo cuando las consecuencias de la desprotección han llegado al extremo.

Si cada adulto, cada ciudadano asumiera su responsabilidad con el niño, niña o adolescente que está cerca de él, el Estado seguramente podría destinar mayores recursos a la prevención y no al tratamiento de tantas situaciones que hoy van en contra de los derechos y libertades de niños y adolescentes, situaciones que no son más que síntomas de una sociedad enferma.

Algo muy sencillo que podemos empezar a hacer, especialmente en esta época de fiestas, regocijo, alegría y licor es protegerlos del consumo temprano de alcohol, el cual no sólo tiene efectos negativos en su organismo al dificultar el curso normal del desarrollo de su sistema nervioso y de otros sistemas, sino que también tiene consecuencias sociales negativas como el asumir de manera irresponsable e inconsciente riesgos en el ejercicio de su sexualidad y exponerse a situaciones de violencia y muerte.

Es una cuestión de ley, recordemos la famosa frase que escuchamos y vemos en la publicidad de todos los días “Prohíbase el expendio de bebidas embriagantes a menores de 18 años. Ley 124 de 1994” y por lo tanto una cuestión de ciudadanía: no permita que un menor de 18 años consuma bebidas con contenido alcohólico, no le ofrezca bebidas alcohólicas y no tolere que otros lo hagan, si un menor de 18 años le pide una de estas bebidas, sea firme y exprésele las razones por las cuales el consumo de alcohol puede perjudicarlo y a quienes lo rodean. y en caso de que conozca situaciones en las que ya no puede evitar el consumo, denúncielas.

Para denunciar estas situaciones y en general todas las que tengan que ver con vulneración a los derechos y libertades de niños y adolescentes (maltrato infantil, abuso y explotación sexual comercial infantil, trabajo infantil y exposición a contenidos inadecuados en medios de comunicación) acuda a Te Protejo respaldado por el ICBF, la Policía Nacional, el Ministerio de las TIC, Telefónica y Red PaPaz.

Los adultos podemos y debemos proteger a niños y adolescentes de estos y otros riesgos que impidan su normal desarrollo, ellos cuentan con nosotros.

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